Me encanta cómo juegas con las palabras, cómo reinventas los cuentos, cómo creas las historias como si nada. Cuando yo te cuento un cuento tú lo reinventas y conviertes el instante de irse a dormir en un momento mágico que le da sentido al resto del día, aunque haya tenido un día horroroso. Aún soy lo bastante joven como para disfrutar la vida de tal manera que parezca que durará siempre y lo bastante vieja como para saber que se puede acabar mañana mismo. Tú y yo paramos el tiempo todos los días un rato y todos los días sé que este instante se acabará muy pronto y por eso me bebo los minutos contigo.
Comienzo este blog para fotografiar los recuerdos, para escribir las historias que tú me cuentas, para que puedas leer lo que me contabas cuando tenías tres años y medio siempre que quieras.
Te quiero. Te lo digo todos los días y te lo diré siempre. Me enseñas a ver la vida de otra manera. A llorar deprisa para pasar a otra cosa. A contagiar la risa. A sorprenderme de todo. A jugar todo el tiempo. A veces eres mi espejo cuando me imitas y me doy cuenta, por ejemplo, de que cuando hablo por teléfono camino de un lugar a otro muy deprisa, o que cuando trabajo me pongo muy seria, o que canturreo cuando limpio los cristales.
Para ti, Ángel, mi ángel, creo este blog.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario